Otra dificultad es la escasez de paraderos seguros e iluminados. En invierno, oscurece muy temprano y es muy difícil para los pasajeros visualizar la locomoción, lo que puede generar que los mismos la pierdan o se expongan a asaltos o algún delito.
Esto se transforma en una preocupación de seguridad, especialmente para mujeres jóvenes, quienes deben tomar colectivos en horarios donde no hay micros disponibles.
La falta de planificación urbana en torno al transporte es evidente. Paraderos improvisados o en mal estado, horarios irregulares, y vehículos sobrecargados son parte del día a día en varias comunas de la región del Maule.
En el mes de mayo, el Gobierno Regional del Maule presentó cinco buses eléctricos como parte de un plan piloto que busca implementar electromovilidad en las comunas de Talca, Linares y Curicó.
El proyecto tiene como objetivo renovar de forma gradual la flota actual de transporte público por vehículos más eficientes, silenciosos y amigables con el medio ambiente. Esta medida no solo espera beneficiar directamente a los usuarios habituales del transporte urbano, sino que también contribuirá a disminuir las emisiones contaminantes en las principales ciudades de la región.
El Seremi de Transportes de la región, Guillermo Ceroni, explicó que esta medida responde a diversos factores, incluyendo la situación económica de las familias y la necesidad de optimizar los recursos destinados a mejorar la movilidad local.
Además, señaló que “estos recursos son verdaderas inversiones en beneficio de la gente. Esto es producto de la primera conversación con el gobernador, para ver cómo lograr esto entre el Ministerio de Transporte y la Gobernación Regional, que significan recursos de la Ley Espejo, que son presupuestos destinados absolutamente al transporte público. Esperamos que el Consejo Regional los apruebe”, explicó.
A pesar de esto, aún no podemos competir con Santiago, en donde
- Existe una red con tarjeta Bip!
- Una integración modal
- Subsidios cruzados
Esta diferencia genera una profunda desigualdad territorial. No se trata solo de moverse desde un punto A a un punto B, sino de quién puede hacerlo y quién queda fuera por no poder pagar, generando así, una brecha estructural en el derecho a la movilidad.
Mientras no exista una política de transporte integrada y con perspectiva regional, seguirán siendo los usuarios —especialmente los más vulnerables, como los estudiantes o los adultos mayores— quienes paguen el costo de un sistema desconectado.
Porque moverse por el Maule no debería ser un lujo. Debería ser un derecho garantizado por un Estado que entienda que la movilidad es clave para la educación, el trabajo y la dignidad de las personas.