Durante años se han investigado ciertos sesgos que existen dentro de estas apps y estos se derivan entre lo racial y lo etario, por lo que, se ha considerado como un desafío que se debe enfrentar. Según el investigador Matthew Rafalow, “un estudio de hombres homosexuales mostró que el 97% de los hombres asiáticos, el 90% de los hombres latinos y el 88% de los hombres negros declararon una preferencia por los hombres blancos”.
Por su parte, el erudito Chong-suk Han plantea que “es poco probable que este patrón de preferencia por las personas blancas y la exclusión de las personas de color se deba a un gusto por “tipos” específicos de personas. En cambio, es la jerarquía racial ya existente la que moldeó esta noción de “atractivo”, donde se prioriza la blancura”.
Pasando por el sesgo etario, resulta evidente que existen perfiles falsos dentro de las aplicaciones de citas, los cuales se prolongan desde una falsificación sobre la edad hasta la imagen del usuario. Andrea Rosales, profesora de Comunicación en la UOC, afirma que aunque las personas suelen evitar ciertas restricciones con respecto a lo anterior, de una u otra forma encuentran formas para configurar sus contenidos, por lo que, el edadismo digital está dentro de esta lista.
La socióloga Apryl Williams, nos revela cómo los algoritmos de las aplicaciones como Tinder, reproducen estereotipos raciales al configurar sugerencias de perfiles que coinciden con los ideales raciales dominantes (como personas de origen caucásico), así marginando de forma inconsciente a las personas de tez negra. Al no existir filtros que identifican la raza o etnia de las personas, el sistema puede inferir preferencias basadas en los patrones de comportamiento previo, el cual refuerza la jerarquía estética dentro de los cánones de belleza en la sociedad.
Por otro lado, existe un informe realizado por la Universidad oberta de Catalunya, el cual destaca cómo los algoritmos priorizan la visibilidad de ciertos usuarios (los cuales frecuentan entre los 20 y 30 años), así aumentando su exposición y participación, mientras que los mayores de 30 años, son progresivamente relegados y en algunos casos, se les cobra más por funciones con medio de pago. Este fenómeno se debe a que los sistemas analizan la popularidad y el nivel de actividad del usuario para definir prioridades, encajando en lo que se denomina la colonización “algorítmica del amor”.